La Plata

Habiendo vivido años en Buenos Aires nunca había visitado el Museo de La Plata. Pienso en el padre de Beatriz, mi bisabuela, que vino a América para trabajar allí. No sé en qué. No he indagado lo suficiente. Me lo imagino, aunque nunca vi siquiera una fotografía de él,  caminando entre huesos de ballenas y elefantes: un ejército óseo, arquitecturas de cuerpos, andamiajes gigantes.

Anticipando nuestra travesía, los mosquitos atacan implacables. Empezamos a bailar una danza extraña, tratando de espantarlos inútilmente. Sólo Mito se aleja un poco del corro y saca el repelente, luego los demás lo imitan.

Luego, Punta Lara. Recuerdo el recuerdo de Walter.

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