La guerra de los módems

El barco alcanza una velocidad que no suele superar los 6 km por hora. Es verdad y a la vez increíble. Para algunos de nosotros ha pasado a ser perfecto. Sobre todo para aquellos que hemos subido al barco en Rosario. Los que han subido después quedan desconcertados. Pienso, de nuevo, en esta lentitud. Es la lentitud la que disloca el tiempo.

La comunicación con el mundo es un problema. Hemos encontrado varias estrategias en este mundo paralelo. Yo he decidido levantarme muy temprano para ver amaneceres y además, probar, todos los días aunque sea por escasos minutos, si es que el módem o el celular levantan algún tipo de conexión. Las más de las veces, nada. Estar en el medio del río es así. Te deja allí y hay que vérselas.

A la mañana no faltan los que registran el paso del tiempo filmando o fotografiando los cambios de luz.

Una vez que hubo clareado empiezan a transitar más expedicionarios. Ya no hay soledad posible. Ni bien ven a alguien tratando de conectarse, no tarda la pregunta “¿Hay conexión?”.

El momento en el cual mejor se ilustra la pequeña obsesión por la comunicación es cuando se corre la voz de que hay señal en algún trayecto. Todo el mundo sube a cubierta e intenta incautar uno de los ocho módems disponibles. Somos casi 50, la incautación muchas veces termina en fracaso.

Sospechamos que algunos expedicionarios juegan sucio y tienen módems incautados hace días. No tenemos muchas pistas pero existen intuiciones

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2 pensamientos en “La guerra de los módems

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