La cita de Pitol

En una librería de usados en Rosario había encontrado un librito de Sergio Pitol. Me venía topando con textos de Pitol en Internet y en algún libro de Bellatín. Decidí comprarlo. Son cuatro cuentos; el libro lleva por título el de uno de ellos: Del encuentro nupcial.

Hacia el final del libro, en el cuento que presta su título al libro, encuentro un fragmento que me paraliza:

“Cuídate de las estelas de los barcos. Cuídate, sobre todo, de los barcos”.

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Asunción, 14 de abril de 2010

Saco un montón de papelitos que quedaron en un bolso. Abro los papelitos, uno a uno. Transcribo las pequeñas agendas de abordo que elaborábamos con Graciela, sentadas en el restaurante o en la barra de cubierta. Esa barra convertida en escritorio de varios.

Cada vez que transcribo algo, lo recuerdo.

Los finales

Una travesía nunca termina cuando termina. No se sabe cuándo termina ni en dónde. Muchos de nosotros sentimos que hemos llegado a tierra movediza.

Algo ha de haber cambiado. Hemos sido atravesados por el río como en el poema de Juan L. Ortíz, y eso será algo que no terminará de finalizar.

La útlima cena

La cena en un restaurant de Trinidad fue extraña. Una mezcla de muchas cosas. Las mesas fueron distintas, algunas más serias. La mesa más grande fue la del desmadre, en el buen sentido. Las risas, los juegos (animados siempre por Mariano).

Ya luego, en el pequeño patio al cual fuimos todos, los brindis. Los agradecimientos, los últimos discursos. Y los abrazos, todos y cada uno de nosotros fuimos abrazados y abrazamos.

Para algunos el viaje seguía, se quedaban en Asunción o iban a recorrer más allá. Para algunos de nosotros, terminaba aquí, esta noche. Con una rara alegría.