El Rey León

Pucha.

Hoy supe de la partida de León ferrari y lo primero que me vino a la mente es la primera vez que vi una de sus obras. Tenía 18 años y visitábamos la casa de Yuyo Noé en Buenos Aires. Estábamos Mariana Oeyen y yo con papá de visita en Buenos Aires, que nos llevaba por todos lados como llaveros. Taxi viene taxi va.

Cuando entramos en esa casa de la calle Tacuary en San Telmo, lo primero que vimos Mariana y yo fue esa obra impactante. Colgada en el medio de esa especie de patio cubierto “La civilización occidental y cristiana”, como una verdadera bomba visual, nos pegó la cabeza y los ojos. Y sigue pegando, León. Por eso y todo lo que vino después, las lecturas de sus textos sobre Arte y política en el Rojas, las obras donadas generosamente al Museo del Barro. Por eso, y todo lo que representa este señor rotundo, gracias.

 

 

 

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Sombra

Estoy en el que fuera tu comedor, hace 10 años que lo ocupo yo y los habitantes de este Tragaluz gigante que domina el espacio principal de la casa.

Aquí miro una ventana que antes no tenía, porque no querías ventanas hacia la calle. Querías toda la casa para adentro. Yo te hice poner esa ventana allí, enfrente del tronco del mango. Ahora hace unas semanas nomas, crece una enredadera, de esas de flores naranjas, tan naranjas. Se enrosca entre las rejas. La gata también mira lo mismo que yo. No sé qué precisamente estamos mirando. Si la ventana, la enredadera, la pequeña luz que se filtra.

Hoy, dos meses, y se hace difícil entender este estar sin tu sombra.