Celebrar

Me gusta celebrar el cumpleaños de mi madre. Hoy lo hago desde este viaje que tanto le hubiera gustado para mí. Y sé que, a la par, se hubiera preocupado horrores. Me hubiera dicho todas las veces posibles que me … Sigue leyendo

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Martes 5 – Entre el terror y el descanso

Por primera vez en días siento que despierto descansada en serio. El día de ayer ha sido fuerte en experiencias y en extremo interesante. El Chino es un excelente intermediador. Salimos del Anmatek, un hotelito en Pampa del Indio, hacia … Sigue leyendo

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Lunes 4 – Roque Saenz Peña – Pampa del Indio

Lunes 4. Salimos de paseo por la ciudad con Sebas y Emilio, un poco de tiempo libre viene bien. Caminamos unas 12 cuadras para llegar a las vías. Allí, el Museo Histórico de la Ciudad. Lo encontramos abierto y entramos. … Sigue leyendo

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Domingo 3 de Mayo – Desde Campo del Cielo a Roque Sáenz Peña

  Empezamos el domingo 3. Esta iría a ser la despedida, pero nos invitan al cumpleaños número 108 de Pedro Valquinta. Es tradición pasar a saludar, presentar nuestros respetos. Así lo hacemos. La casa de Don Valquinta queda al lado … Sigue leyendo

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Una silla en una casa

A mi padre, que me regaló una silla, un día

Era un niño que sabía jugar, a quien le habían dado una silla de madera. Una silla de madera, enana, donde las mujeres solían tejer. Era su silla una silla oscura, con un respaldo que terminaba en una voluta. Se la había dado el padre, un día. En la casa que era de su padre, no suya. Después lo sería. Cuando la silla ya no fuera suya. Cuando ya no lo fuera.

Era un padre que vivía en una casa. Allí venía el niño a saberse dueño de una silla de madera, enana, de esas donde las mujeres se sientan a tejer. Era esa silla una silla oscura, con un respaldo que terminaba en una voluta. Se la había dado al niño, un día. La casa, después, será del niño que ya no lo será. La silla ya no será suya, será de otro.

Era una casa que fue construyéndose, como de a poco. Dentro de ella, una silla fue regalada a un niño, para que se sentara, para que tuviera un lugar dentro de la casa que había sido construida de a poco. A la casa le crecieron vértices. Fue engordando, fue llenándose. Y una vez, se vació. El niño, cuando ya no lo era, tomó la casa. La partió en dos. Y después recordó la silla cuando ya era de otro. El padre, la silla, el niño y la casa.

El viaje escrito – La letra, cinco días después

Escribo ahora bajo un cielo de aves. Después de cinco días a la carrera hemos tenido tiempo de sentarnos a ordenar la cabeza y el cuerpo. Cimentar lo hablado y lo aprendido, además de lo que se siente en la … Sigue leyendo

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