El viaje escrito – La letra, cinco días después

Escribo ahora bajo un cielo de aves.

Después de cinco días a la carrera hemos tenido tiempo de sentarnos a ordenar la cabeza y el cuerpo. Cimentar lo hablado y lo aprendido, además de lo que se siente en la piel.

Al lado, un camino de tierra blanca, el fresco en los ojos. Estoy en Villa Río Bermejito. Comienzo ese recuento que se parece a una réplica del viaje.

Luego de un largo viaje de Asunción a Resistencia para el encuentro con todo el grupo, llegamos a media noche.

Empiezo a entrever la dinámica del viaje. Los conductores son todos amigos, y puede que sus intereses sean opuestos a los nuestros. Cada uno es dueño de una camioneta 4 x 4 y a muchos de ellos les gusta el rally del Chaco. Cosa que detesto. Quizá escuchen en el camino algunas cosas, quizá nosotros escuchemos otras. Quizá aprendamos algo de esa oposición. Comienzo el viaje con Christian y luego sigo con Beto.

En la ruta hacia Resistencia, comprobamos lo que hemos sabido desde siempre, la frontera es una herida violenta que registra aún más violencia cada vez que un gendarme nos detiene la marcha para hacernos siempre las mismas preguntas, para hacernos requerimientos siempre diferentes.

Me encuentro con Pablo Ayala, que nos acompañará hasta el día siguiente. Es el único del contingente que había remontado el Paraná en 2010. Siempre la alegría de encontrarse, saberse, saludarse. Decirse chau, después.

El viernes 1 de mayo nos encuentra mal dormidos, con el cuerpo desorganizado todavía por el estrés de la previa y el viaje accidentado por contingencias varias.

Comenzamos esta parte del viaje. Salimos atravesando una manifestación de la CGT, es el día del Trabajador, hay desayuno, se huele el mate.

Nos reciben en el Museo del Hombre Chaqueño “Ertivio Acosta”, un pequeño museo que relata la diversa historia del Chaco argentino, vemos lo que recorreremos después, en los días siguientes: los pueblos indígenas, su diversidad apabullante, la explotación de esos mismos indígenas en los ingenios azucareros, los campos de algodón, las matanzas de las que fueron objeto (como muestras las de Napalpí y El Zapallar). Pienso el lado perverso que eligió la “civilización” para ubicarse, en ese lugar que reconozco como barbarie.

museo hombre resistencia

Nos esperan luego en el Ingenio Azucarero Las Palmas o las ruinas que quedaron de él.

Las casas de los “señores” y los obreros calificados en el centro de la explotación muestran hoy otra cara. Una vez que la empresa quiebra, es “salvada” por el Estado (el gobierno de Menem compra la empresa para dejarla abandonada). Hoy es un predio que podría ser otra cosa para la comunidad. Algo que revierta el sino.

ingenio

A tarde vamos al otro lado de la plaza: a la Casa de la Memoria. Allí nos espera Carlos “Ratón” Aranda, quien nos cuenta no solo de la matanza de Margarita Belén (cuyo monumento conocimos a la mañana) sino además da su propio testimonio de haber estado preso durante siete años en la última dictadura cívico-militar de la Argentina.

Me encuentro allí con una obra de Juan Carlos Romero, un afiche amarillo violento que registra la Masacre de Margarita Belén.

juan carlos romero

La casa en donde está el Museo era el mismo centro de detenciones donde se torturaba, se apresaba o se hacía desaparecer a opositores del régimen; allí, al lado de la plaza principal, cerca de la Catedral y los demás edificios públicos. No puedo no identificar eso con la Central de Policía y el Departamento de Investigaciones de Asunción.

Nos sentamos luego a escuchar al abogado que ha seguido demandas de tenencia de la tierra por parte de las comunidades indígenas. Surge Napalpí y el silencio de su gente. Luego escucharía algo entre  los Qom: No soy digna de contar esa historia. Y así callan muchos, por miedo algunos, por dolor otros, por no sentirse dignos de contarlo otros más.

Exhaustos nos pilla la noche. Pero vamos por más. En el CECUAL nos esperan varias de las personas que ayudaron a concretar este viaje, además de Seba Ibarra que canta lindo.

Dormir se vuelve una quimera cuando amanece demasiado rápido para el acelere.

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