Una silla en una casa

A mi padre, que me regaló una silla, un día

Era un niño que sabía jugar, a quien le habían dado una silla de madera. Una silla de madera, enana, donde las mujeres solían tejer. Era su silla una silla oscura, con un respaldo que terminaba en una voluta. Se la había dado el padre, un día. En la casa que era de su padre, no suya. Después lo sería. Cuando la silla ya no fuera suya. Cuando ya no lo fuera.

Era un padre que vivía en una casa. Allí venía el niño a saberse dueño de una silla de madera, enana, de esas donde las mujeres se sientan a tejer. Era esa silla una silla oscura, con un respaldo que terminaba en una voluta. Se la había dado al niño, un día. La casa, después, será del niño que ya no lo será. La silla ya no será suya, será de otro.

Era una casa que fue construyéndose, como de a poco. Dentro de ella, una silla fue regalada a un niño, para que se sentara, para que tuviera un lugar dentro de la casa que había sido construida de a poco. A la casa le crecieron vértices. Fue engordando, fue llenándose. Y una vez, se vació. El niño, cuando ya no lo era, tomó la casa. La partió en dos. Y después recordó la silla cuando ya era de otro. El padre, la silla, el niño y la casa.

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