Martes 5 – Entre el terror y el descanso

Villa Río Bermejito

Villa Río Bermejito

Por primera vez en días siento que despierto descansada en serio. El día de ayer ha sido fuerte en experiencias y en extremo interesante. El Chino es un excelente intermediador.

Salimos del Anmatek, un hotelito en Pampa del Indio, hacia Villa Río Bermejito, con una parada en el camino. Ayer, Juana Silvestre, me comentó que esa palabra “anmatek” quería decir en qom “buen descanso”, y creo que surtió efecto ese enunciado.

Vuelvo a cambiarme de camioneta para tener un tiempo con otros de los viajeros: Emilio, Agustina y Sebas. En los viajes, salen conversaciones interesantes, discusiones y posibilidades. Maneja Beto, con quien viajé hasta Resistencia.

Una vez que nos acomodamos y salimos, habla primero Seba. Hablamos de cómo su proyecto podría visualizarse en la muestra. Le propongo una visita a la casa de Milda para navegar sus mapas y ver qué podríamos utilizar. Estamos de acuerdo en las posibilidades visuales de la cartografía. Otra propuesta que le hago es la de hacer entrevistas videofilmadas a Jota, él propone también a Ulf. Veremos.

Llegamos al primer destino. Nos encontrarnos con representantes de una comunidad, también qom. Viven en una ciudad que paradójicamente lleva el nombre de Presidencia Roca.

Nos recibe Ambrosio Francia y otros representantes, se necesita siempre un gran silencio para empezar. El silencio que requiere aquello que nos relatan. Ese silencio que se parece al respeto.

Atanasia Francia (estos nombres me recuerdan los nombres de mi propia familia, la larga, la que conozco por los cuentos de mi padre), es miembro de un grupo de mujeres que tratan de tener un espacio para realizar cestería: canastos y sombreros.

Ambrosio, hermano de Atanasia, cuenta su historia. Llegó al pueblo en 1979, luego de que mataran a su padre, Francisco Francia, por cazar ñandúes en un terreno privado. Con su madre y toda su familia, habían salido de Pampa del Indio para ser por un tiempo nómades y asentarse aquí, en el pueblo cuyo nombre representa uno de los más grandes genocidas en la Argentina.

“A los 26 años me fui a la escuela”, dice Atanasio. “Hay que saber leer y escribir”, sigue. Remata: “Éramos ignorantes”. Es tan fuerte esa afirmación y tan al pasar que no logro decirle un no absolutamente rancieriano. Que todo el que sabe algo ignora otra cosa, y que todos conocemos algo que otro ignora. Es que ese “éramos ignorantes” se impone en este sistema que nos hace creer que lo somos. Ese también debería ser un crimen de lesa humanidad, el etnocidio.

Se piensa siempre que la resistencia indígena tiene que ver con el momento colonizador primero, el que se impuso desde la Corona hacia sus territorios de Indias. Pero nos olvidamos de que los Estados nacionales, en la construcción de estas naciones han aplanado la diferencia, esquilmado la diversidad. Para eso se necesita matar mucha gente, pero no solo gente, también se necesita matar los sueños, la posibilidad de ser futuro. Y luego las grandes matanzas del siglo XX, la explotación, la reducción de la persona para que nunca más vuelva a ser íntegra. Y así se reniega de la propia lengua, porque te discriminan a vos y a tus viejos y a los viejos de tus viejos, y así.

No hay educación bilingüe en Presidencia Roca, porque los qom aquí son minoría. El Chino apunta que para obtener la posibilidad de un docente intercultural, es mucho el papeleo, hay que juntar firmas y ese tipo de cosas que siempre requieren de tiempo y de ese “saber hacer” de la burocracia.

Y entre las madres está el miedo a perder la lengua. Pienso en aquello de que el lenguaje nos configura. Si perdemos el lenguaje en el que nacimos, ¿qué más se pierde?

Luego de terminada la charla vamos a visitar los calabozos que quedaron del Fortín construido en el siglo XIX, donde murieron los antepasados qom. Se sabe de varios lanceamientos.

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El predio todavía no está catalogado como patrimonio. Con toda la experiencia que tiene la Argentina en estudios de arqueología forense, se podría llegar a historiar todo ese periodo que solo la memoria mantiene.

El Bermejo, a un costado, corre rojo.

Abrimos la puerta del calabozo y sale disparado un teju. Una de las integrantes suelta un grito que me asusta, como a ella el teju.

Volvemos a las camionetas. Habla Agustina, quien está pensando en dos dispositivos de exposición. Hablamos de las posibilidades de la plataforma transmedia y de la opción de exhibición de la muestra itinerante. Ella está registrando en video todo lo que tiene que ver con el cotidiano y lo doméstico: la casa.

Emilio, sentado adelante, gira el torso hacia atrás para poder hablar mejor. Su proyecto es realizar una especie de novela gráfica. Me habla de su interés por los pueblos indígenas y el tema del medioambiente. No cree que tenga una unidad narrativa, y me parece bien.

Ahora vamos a Villa Río Bermejito. Las Cabañas Don Emilio me recuerdan a algunos lugares en Paraguay.

Y por fin una tarde libre.

Estamos en el paraíso de Seba, que con Emilio han decidido mirar aves. Cada vez que ven una, Seba dice su nombre científico, casi automáticamente. Puede estar mintiéndonos asquerosamente, pero luego Emilio busca el ave en su libro y afirma la sentencia.

Varios paseos, y por fin respirar un poco. Se necesita esto después de escuchar lo escuchado.

La cena con chivito es una fiesta. A pesar de los ojos semi abiertos vemos una película que Agustina propone: Nositatiaj: La Belleza, de la directora argentina Daniela Seggiaro.

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