De las cartas entre padre e hija / John Berger y Katya Berger

La primera vez que leí algo de John Berger fue en la revista Ajoblanco.

Eran caras esas revistas así que me compraba alguna de vez en cuando. Muchas de las cosas que me gustaron mucho en la vida las leí, vi o conocí a través de esa revista catalana. Una vez me encontré en una librería de Buenos Aires con miles de Ajoblanco viejas, costaban poquito. Entonces por el precio de una nueva me compré miles de revistas viejas, era como un proto Internet (mediados de los 90, Internet estaba ahí de democratizarse). Muchas cosas para leer, conocer. Me las devoraba, pero lentamente. No quedaba nada, me leía hasta esa especie de clasificados ñembo escandalosos que tenía (“Busco chica guarra a quien le guste el rollo sado”, esas cosas).

Un día, me topé con un artículo. Tenía forma epistolar. Eran intercambios entre John Berger y su hija Katya. Hablaban de Tiziano, de una obra en particular que ahora no recuerdo. Era hermoso ese diálogo entre dos personas a quienes anudaba un amor entrañable. Y recuerdo que en un momento del texto John Berger habla de su nieta, y dice que, a través de ella, ellos habían ya vencido la muerte.

No encuentro la revista ahora, tampoco la cita. Pero en ese hilo comunicativo entre Berger y su hija se guarda no solo una mirada (a la que Berger le dedicó mucha tinta), también se guarda un vínculo. Un vínculo hermoso que tuvieron la generosidad de compartir.

No solo con la nieta Berger venció la muerte, la venció también escribiendo y siendo siempre tan demasiado él mismo.