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Las baldosas de la casa de mi abuela sobre la calle Chile perduran. Perdura también en la memoria, Bodoque que este año se fue y que descansa en el jardín. Perdura el sueño que Meliá nos ayudó a inventar para … Sigue leyendo

Tu voto:

Sacarse del sistema

Empezó así: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Continuó: “Ahora que se inunden”. A eso le siguieron las siguientes expresiones: “Son todos unos negros de mierda”, “Son unos gronchos que no se bañan y que se la pasan comiendo chorizo con vino”. Otra agregó: “Y encima les pagan por tener hijos”.

Esto me pasa por tratar de ir a hacer ejercicio. El médico lo recetó y lo detesto. Detesto hacer ejercicio, para mí es una tortura. No hay nada que me guste hacer y si por las dudas surge algo que me atraiga, mi horario no me lo permite, a veces también son los precios, claro. Y la vida me castiga por hacer algo en contra de mi voluntad profunda. Y me expone.

Hoy el profesor llegó tarde, como la primera vez que fui hace un tiempo atrás. Aquella vez, ellas hablaban de fantasmas. De los que veían en sus casas, de los que alguna vez encontraron por ahí. Quedé bastante impresionada por la naturalidad con la que enumeraban apariciones domésticas.

Hoy la que vio fantasmas fui yo. Eran estas mujeres, un par de ellas argentinas hablando de las elecciones del domingo, otro par locales. De sus cuerpos bronceados (que no negros, eh), y sus cabellos pintados (si hay canas que no se note, que nadie te diga vieja como vos decís negro de mierda) salían estas aseveraciones que yo pensé que ya nadie se atrevería a decir así, de esta forma. “Son todos negros de mierda”, y yo en el medio, viendo fantasmas. Pasmada. No dije nada, me pensé espiando, aunque no lo estaba haciendo, la cosa sucedía allí a plena vista. El pasmo me dejó hecha una estatua de sal.

En ese momento empecé a cantar en mi cabeza la canción del niño caníbal, esa que cantan Juan Quintero y Luna Monti:

“Yo soy un niño caníbal nadie me quiere a mi
no me quedan amiguitos por que ya me los comí,
por que ya me los comí.
No tengo padre ni madre, tampoco tengo hermanitos.

No tengo tíos ni tías tengo muy buen apetito.
Tengo muy buen apetito.
Nunca me río nunca juego, vivo alejado de la gente.
Ni abro la boca ni sonrío estoy mudando los dientes. (…)”

Quiero sacarme del sistema lo que escuché y me cuesta hacerlo. Quiero mudar los dientes y que me crezcan unos colmillos dantescos. Quiero asustar a los fantasmas.

 

Era sábado

  Llegará el martes que es la fecha que llega cada año, hace seis años, para recordar tu ausencia extraña. Pero hoy caigo en la cuenta de que fue un sábado 7 de septiembre el último día que hablé contigo. … Sigue leyendo

Tu voto:

26.05

El desayuno, tus tazas. El mantel no tan bien planchado, pero hice lo que pude. Café, tostadas, queso y miel. Celebrar tu vida en una de las cosas que más disfrutabas, madre.

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019

Gracias a Irene Gruss, por el poema, a Marcos Benítez por la foto y a Memei, la gata que grabó mi sofá para siempre y que este año se fue.

Tu voto:

Del virus de lo poético

Volver a estudiar me alegra. No es que haya dejado de hacerlo, hacerlo con propósito es lo que me alegra. Quiero terminar mi investigación, he allí el propósito. Y enmarcarla dentro de un programa de estudios me ayuda a ponerme metas claras. Me ayuda.

En las lecturas que hago, siempre fragmentarias, siempre entre dos tiempos, entre momentos del día y minutos robados al sueño o a otras actividades, me voy encontrando con personas que me hablan desde sus textos. Me voy reencontrando también, con cosas que había leído y que me esperaban allí, con mis subrayados de hace años -me quiero mucho cuando encuentro esas marcas que preveían ya este presente y que me ahorran mucho trabajo-.

Hoy me encontré, con Suely en su texto. Esa mujer enérgica que conocí en Asunción en 2011, en esos días que parecieron semanas, porque todo era intenso. Intenso es el texto, intensas sus posiciones. Hermosas.

“Si hubo un logro micropolítico significativo luego de los movimientos de los años 1960-1970 que nos aparta de aquel período, éste reside precisamente en la posibilidad de abandonar los antiguos sueños románticos de “soluciones finales”, ya sean utópicas o distópicas, que siempre han desembocado en regímenes totalitarios. Ahora bien, el proceso de reactivación de la potencia vibrátil de nuestro cuerpo actualmente en curso, pese a estar aún en sus albores, nos permite entrever que no existe otro mundo sino éste, y que es desde dentro de sus impasses que otros mundos pueden estar inventándose en cada momento de la experiencia humana. Éste es el esfuerzo del trabajo del pensamiento: ya sea que se plantee en el arte o en otros lenguajes, su tarea es la composición de cartografías, que se dibujan al mismo tiempo que cobran cuerpo nuevos territorios existenciales, mientras otros se deshacen.
Pero no seamos ingenuos: nada asegura que el virus crítico-poético que los mencionados gérmenes portan se propague efectivamente como una epidemia planetaria; ni siquiera el virus transmisible que porta cualquier obra de nuestro tiempo, por más poderosa que sea. Siempre existirá la cultura que es la regla y el arte que es la excepción. Lo que “puede” el arte es arrojar el virus de lo poético en el aire. Y eso no es poco en el embate entre distintos tipos de fuerzas, cuyo resultado son las formas siempre provisorias de la realidad, en su interminable construcción.”

De Archivomanía, Suely Rolnik: http://www.aica-paraguay.com/?p=2240