77

De nena, creía que esta imagen me pertenecía. Le mostraba esta imagen a todo el mundo balbuceando que se trataba de mí.

En realidad la de la foto es quien hoy cumpliría 77.

Yo le extraño, eso es todo.

Cuatro

Cuatro son los puntos cardinales, aunque Huidobro dijera que son tres: el Sur y el Norte (ese libro me lo regalaste vos).

Hoy tuve que contar. Hace cuánto, dije, y tuve que contar con los dedos, porque los números nunca fueron lo mío. Sí, cuento con los dedos.

Preferiría el silencio. Que sea un día como otros, con la marca indeleble de tu ausencia.

Pero cuatro son los puntos cardinales y vos, una flecha disparada hacia cada uno de ellos. No hay silencio cuando en todas las direcciones encuentro una palabra que te pertenece.

De las cartas entre padre e hija / John Berger y Katya Berger

La primera vez que leí algo de John Berger fue en la revista Ajoblanco.

Eran caras esas revistas así que me compraba alguna de vez en cuando. Muchas de las cosas que me gustaron mucho en la vida las leí, vi o conocí a través de esa revista catalana. Una vez me encontré en una librería de Buenos Aires con miles de Ajoblanco viejas, costaban poquito. Entonces por el precio de una nueva me compré miles de revistas viejas, era como un proto Internet (mediados de los 90, Internet estaba ahí de democratizarse). Muchas cosas para leer, conocer. Me las devoraba, pero lentamente. No quedaba nada, me leía hasta esa especie de clasificados ñembo escandalosos que tenía (“Busco chica guarra a quien le guste el rollo sado”, esas cosas).

Un día, me topé con un artículo. Tenía forma epistolar. Eran intercambios entre John Berger y su hija Katya. Hablaban de Tiziano, de una obra en particular que ahora no recuerdo. Era hermoso ese diálogo entre dos personas a quienes anudaba un amor entrañable. Y recuerdo que en un momento del texto John Berger habla de su nieta, y dice que, a través de ella, ellos habían ya vencido la muerte.

No encuentro la revista ahora, tampoco la cita. Pero en ese hilo comunicativo entre Berger y su hija se guarda no solo una mirada (a la que Berger le dedicó mucha tinta), también se guarda un vínculo. Un vínculo hermoso que tuvieron la generosidad de compartir.

No solo con la nieta Berger venció la muerte, la venció también escribiendo y siendo siempre tan demasiado él mismo.

79

Hoy el viejo hubiera cumplido 79 años. En esto de clasificar papeles a veces se encuentran cosas y uno debe detenerse para mirarlas, leerlas. Cuando en 2001, murió mi tío Gato, el viejo escribió algo en Ultima Hora. Encontré el … Sigue leyendo

Tu voto: