Dos poemas de Carlos J. Aldazábal

Diccionario

En la jerga científica
la evolución implica un adelanto:

primero el ñandú,
luego la garza,
más tarde el colibrí
y al final la gallina.

(¿Estuvo el mismo huevo
que al comienzo hizo bang
cuando explotó la yema?)

En la jerga científica
la prehistoria designa aquel momento
en el que el hombre andaba
despreocupado y libre,
ignorante de todo,
incluso de sí mismo.

No tenía escritura,
escribía en el frío
con el humo de adentro
y crecía la escarcha
en su barbilla.

En la jerga científica
se dice que los selk’ nam
vivieron mucho tiempo
prehistóricamente.

Despreocupados, libres,
recorrieron la isla sin apuros.

Después la evolución hizo su parte
y entraron en la historia
y en las enciclopedias.

A la palabra muerte se la llamó proceso.
A la pena del agua:
fenómeno de lluvia precipitándose en el mar.

 


Los árboles

(Bosque fueguino de lengas)

Nadie eleva plegarias por los árboles
cuando secos se enleñan hasta el polvo
y ya polvo se embarran con la lluvia
y ya barro se adentran en la tierra
y consuelan los pastos.

Y aunque nadie les reza
ellos cantan en viento la desdicha
de otro barro que en carne visitaba su sombra
y oficiaba de amante de la verde madera.

Esa carne rezaba,
y era dulce el murmullo
que al oído del árbol,
moribundo y leñoso,
prometía que luego
nacería otro tallo
que en la sangre del muerto
crecería.

Pero ya nadie reza.

Nadie eleva plegarias por los árboles,
nadie enduela su voz como plegaria,
nadie rasga su pecho de corteza
en señal de congoja.

En el canto del viento la arboleda
que ha querido ser arco y hoy es polvo,
consolando a los pastos por el frío,
consolando a la carne que en la tierra
se ha dormido de plomo silenciada,
mientras cae la lluvia sobre tejas inglesas
y carteles que hablan
de la suerte del mundo.

 

de Nadie enduela su voz como plegaria, Gamar editores, Popayán, 2016.


De Carlos J. Aldazábal sabía que era de Salta. No sabía que esa J era de Juárez. Tampoco sabía que habíamos nacido el mismo año. Ahora lo sé. Sé también de las cosas que le importan, y que nos importan cosas parecidas.

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Serpiente Río – Josefina Plá

SERPIENTE RÍO

No bajarás das veces al mismo río

HERACLITO DE ÉFESO

I

Quien te mira serpiente
bruñendo tus escamas
bajo el sol o el creciente
siempre pasando
nunca yéndote y el
marchándote y estando
desde las mismas fuentes
estando y regresando
desde la misma muerte
desde el origen al final encuentro
muriendo sin cesar y renaciendo siempre

Alguien te arroja su rostro su sonrisa
para que tú las lleves

Pero pasas por ellos sobre ellos bajo ellos
indiferente

… La camada ilusoria
de una imagen que nunca devorarán
los peces

1968


 

Me queda resonando esa imagen que nunca devorarán los peces.

Antonio Cisneros – Arte poética

Arte Poética

Antonio Cisneros

1

Un chancho hincha sus pulmones bajo un gran limonero

mete su trompa entre la Realidad

se como una bola de Caca

eructa

pluajj

un premio…

 

2

Un chancho hincha sus pulmones bajo un gran limonero

mete su trompa entre la Realidad

-que es cambiante-

se come una bola de Caca

-dialécticamente es una Caca Nueva-

eructa

-otra instrumentalización-

pluajj

otro premio

 

3

Un chancho, etc.

 

Como higuera en un campo de golf, 1972. (De su Antología llamada “Poesía, una historia de locos, Hiperion, Madrid)

 

Una vez, en algún encuentro que solíamos tener son la gente del taller Al filo de la palabra, en Buenos Aires, Andrés Binetti nos leyó a Antono Cisneros. Nos leyó Cuatro Boleros Maroqueros, un hermoso poema sobre algún abandono. Y me gustó y lo busqué. En épocas de “sin internet” era solamente en los libros que se encontraban estas cosas, así que presté el libro, lo leí, y luego cuando tuve un poco de plata me lo compré. Hoy me entero de que Cisneros murió en su Perú, nunca supe mucho más de él que lo que me decían sus poemas, que sigo leyendo de vez en cuando.

Juegos de poder – Margaret Atwood

no es la costa sino un acuario
lleno de agua estancada y algas
calientes
               el cristal empañado
con polvo y algas
                           una bandeja
con los restos de la cena
hedores de salados animales muertos y restos de mariscos
el calor del sol entra por una
rejilla                      no hay brisa
te desparramas en
                             la cama como una estrella de mar
abandonada
                      eres del color
de la arena
                   en mi espalda
tu mano flota en mi vientre
____________________________________________________________
toda tu espalda es
áspera como la lengua de un gato /  te acaricio
ligeramente y te estremeces
te agarrotas, reprimes
incluso el contorno
de tu piel / el placer es lo que
tomas pero no quieres aceptar.
creéme, permíteme
tocarte
suavemente, ésta puede ser la última
vez / tus ojos cerrados chocan
contra mis dedos
deslizo mi mano por
tu cuello, parando en tu pulso
tú te apartas
hay algo en tu garganta que quiere
salir y tú no lo permites.
Margaret Atwood, Juegos de Poder, Hiperión, Madrid, 2000.
Regalado por mi padre de algún viaje (aunque nunca se sabe con mi padre; para él un libro si no se lee tiene que estar en manos de otra persona, así que pudo sencillamente haberlo prestado de alguien que nunca más lo vio de nuevo; así tuve que devolver varios libros supuestamente “regalados”, lo mismo con los libros que le he regalado yo, sé que después de ser leído por él, pasarán irremediablemente a otra persona, tenga o no dedicatoria, debe ser el único lector empedernido que no tiene una biblioteca).
Con este libro tengo una relación extraña. Me gusta y no me gusta, lo leo y lo dejo de leer. Y eso me interesa.