La Paz, capaz mismo

Hemos llegado a La Paz. Nos reciben con bombos y platillos (literalmente). Me siento un poco ridícula.

Se ha decidido tener una agenda más relajada que la de Paraná. Mi visita, en el segundo día en Paraná, a la isla Curupí, fue un poco forzada. No teníamos en claro a qué íbamos y nos sorprendió un discurso combatiente (seguramente válido, sólo que inesperado). En Paraná, la sorpresa de la presentación de Edelstein me hizo recordar los días en el ZKM (Edelstein, metido hasta la cintura en un piano, con gorrito y hablando en tercera persona de sí fue una manera interesante de conocer su trabajo, que antes no conocía).

En La Paz tendremos una visita más rauda y un momento de relax en las termas de la ciudad. Reboratti (bautizado desde Rosario como Ruboratti ya que en el hotel todos los apellidos se convirtieron en otros), me explica esas cosas que gusto de saber, no sé porqué ni para qué: las aguas de las termas son reservas no renovables. Son aguas fósiles. Esas cosas suelen rondar mi cabeza por inestimables días.

Yo decido tirarme al río. Vamos con Helder hacia la orilla. Pero equivocamos el camino, volvemos (en el trayecto hablamos de posibles encuentros en Asunción con escritores, yo sólo me pregunto en qué momento se podrá).

No me rindo y voy de nuevo, esta vez acompañada de Fernando o tal vez de Agatha. Llegamos y allí estaban los fluviales: recuerdo a Laura metida hasta el cuello.

El pie que va primero al agua se encuentra con fango del bueno. No sabe el pie hasta donde puede hundirse. Me tiro, hago la plancha, nado un poco.

Pero tenemos que volver, ya está Fandermole preparado para tocar con el grupo de chamamé. Allí vamos, se toca, se canta y se habla, se escucha (se habla de la chamarrita, género del cual conozco sólo el nombre). Una canción del grupo de chamamé me encanta, la canta un hombre que ha sabido tener un rosario de nombres de mujer en su historia. Es hilarante.

Aquí imágenes:

La Paz y el Paraná

La Paz y el Paraná

Chamameceros en La Paz

Jorge Fandermole en La Paz