Paraguay V

En marzo de 1999 vivía en Buenos Aires. Era mi último año en esa ciudad.

No tenía Internet ni tele. Teléfono sí tenía. Mi mamá me contaba todo lo que estaba ocurriendo -ella lloraba- y yo sabía que en esa plaza estaban los amigos, las amigas. Veía las noticias en casa de una amiga y era terrible ver todo eso y no poder poner el cuerpo allí donde sentía que debía estar.

Fue allí que escribí lo que después fue parte del librito Tierra de Secano:

 

Antes que lejos

mejor no haber estado en ningún lado

 

La tinta juega a ser sangre

a veces

 

Mis manos deben servir al menos para esto

 

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Participación en la 20 Feria Internacional del Libro en La Habana

Literatura paraguaya sin guión previo
por: I. Rodríguez

La literatura paraguaya producida en las dos últimas décadas es prácticamente un enigma para la gran mayoría de los lectores cubanos. Es por eso que el conversatorio «Experiencias culturales subterráneas en los últimos lustros», nstituyó una magnífica oportunidad para enterarnos por qué rumbo anda su literatura, principalmente la escrita por los jóvenes de ese país.

Aunque en El cañonazo aparecía anunciado como una «conferencia» (palabra que siempre remite a cierto aire de solemnidad y academicismo), los poetas Lía Colombino y Eulo García, se encargaron de convertirlo en una charla amena y familiar, donde fue público quien, a base de preguntas, determinó el curso de la conversación.

El componente urbano afloró en la literatura paraguaya en la década de los noventa en paralelo con la eclosión de espacios culturales alternativos que tuvieron lugar tras la caída de la dictadura de Stroessner. En el fomento de proyectos artísticos distanciados de los centros de poder políticos y culturales, han tenido un papel destacado algunos colectivos de creadores como Espacio Sajonia y El otro espacio, este último con la publicación de un suplemento cultural de distribución gratuita durante cinco años.

En opinión de Lía Colombino, de Ediciones La Ura, la temática urbana se da casi exclusivamente entre autores de la capital del país, en cuyas obras lo urbano «aparece más como una constatación de la realidad que como una vía para denunciar determinados procesos sociales o psicológicos». Sin embargo, no hay que olvidar que en muchos casos, esa constatación es una denuncia en sí misma, e incluso el hecho de que no se enfatice en ella, de que se exponga en un segundo plano, puede contribuir a crear varios niveles de lectura sobre un mismo fenómeno, lo cual en términos de arte es un valor añadido, coincidió en señalar la autora de Las cavidades ausentes y Tierra de Secano.

Algunos exponentes de esta tendencia en la literatura paraguaya, además de los dos visitantes, son los narradores Mónica Bustos, Montserrat Álvarez, Nicolás Granada y Javier Viveros, este último también poeta.

Fuente: http://feriadellibro.cubaliteraria.cu/noticia.php?idnoticia=559

Lia Colombino y Eulo García en la charla

Lia Colombino y Eulo García en la charla

Gracias Ihoeldis Rodríguez!

(lupa)

en Ediciones de la URA

Insectos de Lia x Natalia Daporta

Lia tiene algo con los bichos. No lo decimos por La Ura, la editorial que creó con Fredi Casco. O sí, lo decimos por eso, pero más que nada por la manera en que van apareciendo en las páginas de (lupa), que será lanzado el próximo 22 de diciembre, justo antes de que termine el año, una época en la que parece transcurrir al menos algunos de los momentos narrados. Aparecen cucarachitas verdes, bichos innominados que se pelean con la luz, cigarras y libélulas. Y aparecen otros bichos que no son bichos de entomólogo, pero son igual, moscas imaginarias que a todos nos zumban al oído o hormiguitas que nos recorren, la mayoría de las veces sin que nos demos cuenta.

Lia pone una lupa encima de las pequeñísimas cosas cotidianas y no se diría que las amplía, sino que nos da la oportunidad de mirarlas despacito, con detalle, en cámara lenta y casi ir sintiéndolas a medida que las describe. Entonces rascarse o apoyar la punta del dedo en una baldosa dejan de ser actos automáticos y lógicos o ilógicos y se convierten en un momento para guardar en una de esas pelotas de vidrio hechas para ser volteadas y para ver el contenido caer, sin salir nunca de la esfera. El pensamiento más banal -más absurdo bajo ciertas lupas-, la sensación más ínfima -más insignificante, según las mismas ciertas lupas- viven de una manera diferente y casi preciosa cuando Lía nos los describe.

La apacible incomodidad consigo misma. El texto -o los retazos de textos bordados entre sí- parece fingir profilaxis. Lía hace que la protagonista sienta extrañas sus propias manos, extraña su voz y extraño hasta el cuadrado de cielo que le toca ver desde su patio.
Memoria olfativa. La lupa nos deja ver hasta lo invisible. Lo que nunca nadie pudo ver, que son los olores y que pueden tener una presencia más densa que mil millones de cosas visibles. Y nos deja ver otra cosa que se oculta a la mirada común y que son los dolores, pequeños o, tal vez, disimulados.

Si no fuéramos nosotros mismos y nuestra cotidianeidad los que estamos debajo de la lupa, podríamos darnos cuenta, mirando desde arriba de la lente, que los insectos observados seamos probablemente nosotros mismos.

La risa en el taller

En los talleres, a veces, no todas, uno encuentra gente con la que comparte no sólo esas horas a la semana. A veces, uno hace amistades entrañables. Este fue el caso de Al filo.