Una comida en una casa

Ignacio, su padre y Emi nos recibieron de lo mejor en una casa en san Bernardino, era bueno no estar en ningún restorán. Cerveza artesanal (que no es lo que me gusta, pero la gente la probó y dio su visto bueno), vinos, picadas, una sopa paraguaya como pocas y asado.

Hace mucho no lo hacía, estaba frita, y me tiré a dormir unos minutos en el pasto. Qué placer. Hay que retomar esas costumbres. Dormir en el pasto es una de ellas.

Luego un café en el Hotel del Lago y ya la vuelta.

En San Lorenzo, el infaltable Museo Boggiani. Doña Mari siempre muy cordial y amable nos atendió y nos abrió el museo y la tienda (que es otro museo impresionante de cultura viva). Los expedicionarios, aunque cansados, no tenían ojos ya para lo que veían. Había fascinación y eso es reconfortante.

Quería invitarles a todos los que pudieran a Areguá, pero la vuelta ha sido dura. Un extraño mazazo en el centro del cuerpo. Algo hay adentro que no logra reacomodarse en esta vuelta. Suspendí la cena que estaba planificando, con el dolor del alma.

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