Navegando hacia Goya II

Hemos vuelto a navegar. Lo cual es un decir, no avanzamos ni medio milímetro. Hay que parar de nuevo. Amarras. Un árbol en la orilla y listo. Víctor, uno de los marineros (aunque el Paraná sólo sea un pariente del mar), va raudo, y enlaza el consabido árbol.

Es el cumpleaños de Emi, hay torta, se le canta los felicescumpleaños en todos los idiomas que el barco guarda.

Llueve con rabia y de costadito. Dos camarotes están pasados por agua: el de Julia y el de Gabriela. Voy a controlar el mío (que comparto con Claudia desde que salimos de Paraná), no pasa nada, todo bajo control. El pasillo por el cual se va a los camarotes recibe lluvia como loco. El agua, horizontal.

A la noche, en la bautizada “narcosala” (es un Salón de Convenciones, pero, al parecer, algo se derramó allí y el olor hace que todos salgamos medio droguis), a la cual hay que bajar como si fuera un sótano, se prepara la presentación de Francisco, Edelstein y Fander.

Allí vamos. Nos ponen a todos sentaditos en bancos, amuchados abajo del sonido (que sale desde arriba y apunta a una especie de pista de baile setentera).

Experiencia de sonidos y de músicas otras.

Francisco y Oscar E. (para mí Óscar, no Oscár) cuentan de sus proyectos: el uno está grabado los sonidos que el barco late y el otro está componiendo en su camarote la gran opera Camalote (salió en versito, perdón).

Fander toca, entre otras, la canción que compuso abordo. La canción funge de mascarón de proa, jugando con la idea de Coco, de buscarle mascarón al barco. Aquí, el estribillo:

“Tengo un son chamarritero que cobija la ilusión / de que lo arranquen del sueño y lo planten de mascarón / de un barco hecho del deseo de quien lo vino a abordar / yendo a buscar qué, quién sabe / subiendo el río hacia atrás / subiendo el río / subiendo el río hacia atrás / subiendo el Paraná”

Para terminar Fander llama a Mito. Escucho Cielito marangatú, esa canción que forma parte de la banda de sonido de mi propia infancia, joder, qué raro escucharla después de tantos años. La voz cascadita de Mito, ese registro casi inaudible, la hace todavía más hermosa.

Aplausos varios para los tres músicos.

Sigue la lluvia, sigue que sigue. En mi cabeza resuenan la melodía de Cielito y aquello de subir el río hacia atrás.

El agua no permite la noche en cubierta, como tantas otras. Nos quedamos en la sala del restaurant para que Emi reciba más felizcumpleaños. Agatha baja de su camarote, un poco temerosa por la lluvia y se acuesta en uno de los sofás. Me acompaña en el consabido “Felicidadesenestedíaquetudestinotebrindesiemprefelicidadessssss” y vienen las palmadas varias.

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La Paz, capaz mismo

Hemos llegado a La Paz. Nos reciben con bombos y platillos (literalmente). Me siento un poco ridícula.

Se ha decidido tener una agenda más relajada que la de Paraná. Mi visita, en el segundo día en Paraná, a la isla Curupí, fue un poco forzada. No teníamos en claro a qué íbamos y nos sorprendió un discurso combatiente (seguramente válido, sólo que inesperado). En Paraná, la sorpresa de la presentación de Edelstein me hizo recordar los días en el ZKM (Edelstein, metido hasta la cintura en un piano, con gorrito y hablando en tercera persona de sí fue una manera interesante de conocer su trabajo, que antes no conocía).

En La Paz tendremos una visita más rauda y un momento de relax en las termas de la ciudad. Reboratti (bautizado desde Rosario como Ruboratti ya que en el hotel todos los apellidos se convirtieron en otros), me explica esas cosas que gusto de saber, no sé porqué ni para qué: las aguas de las termas son reservas no renovables. Son aguas fósiles. Esas cosas suelen rondar mi cabeza por inestimables días.

Yo decido tirarme al río. Vamos con Helder hacia la orilla. Pero equivocamos el camino, volvemos (en el trayecto hablamos de posibles encuentros en Asunción con escritores, yo sólo me pregunto en qué momento se podrá).

No me rindo y voy de nuevo, esta vez acompañada de Fernando o tal vez de Agatha. Llegamos y allí estaban los fluviales: recuerdo a Laura metida hasta el cuello.

El pie que va primero al agua se encuentra con fango del bueno. No sabe el pie hasta donde puede hundirse. Me tiro, hago la plancha, nado un poco.

Pero tenemos que volver, ya está Fandermole preparado para tocar con el grupo de chamamé. Allí vamos, se toca, se canta y se habla, se escucha (se habla de la chamarrita, género del cual conozco sólo el nombre). Una canción del grupo de chamamé me encanta, la canta un hombre que ha sabido tener un rosario de nombres de mujer en su historia. Es hilarante.

Aquí imágenes:

La Paz y el Paraná

La Paz y el Paraná

Chamameceros en La Paz

Jorge Fandermole en La Paz