Mermelada de frutillas

 

Me gustaría hoy pasar por tu casa, tocarte el timbre y decirte “invitame a merendar”. Sentarme contigo en ese tu espacio impecable y eso, sentarme y que me preguntes de mis cosas y contestarte vagamente algo o quejarme de este país y que me digas que lo que vale es construir en el pequeño espacio que toque, y que “mucho más no sé puede mi hija”. Todo eso con café con leche, con pan con mermelada de frutillas hecha por vos, madre, mi madre, la de los ojos que siempre estuvieron, las de las manos guardando las mías. La que alejó las piedras de mis pies.

 

 

La heredera

Una vez, en un bar de Asunción, cuando tenía poco más de 20 años, un artista paraguayo me hizo un comentario que a sus ojos resultaba malicioso. “Ahí viene la heredera”, dijo, haciendo un énfasis telenovelesco en su pronunciación.

Hacía referencia al Museo, a que según este artista yo solamente podría ocupar un lugar en la escena por mi genealogía.

En ese momento me molestó. Le contesté que no me consideraba heredara de nada que no pudiera enajenar.

Y lo equivocada que estaba. Porque mi viejo me heredó algo que no se puede enajenar y que es, con mucho, casi lo que más valoro de su relación conmigo: sus amigos, esa familia elegida que tuvo y que lo sostuvo.

Y escribo esto hoy, el día que se cumple un año de que Ricardo decidió dormir de más. Yo le heredé a él, como heredé a tantas otras personas que hoy conforman mi mundo.

Ricardo fue parte del mío desde que tengo memoria pero lo fue más a partir ya de la adultez. Y más aún desde que fui parte de la Mesa de las Jueves. Cada jueves de almuerzo era descansar allí de todo lo que ocurría afuera. Era ingresar al color, al mundo de sus figuras, a la casa en la que las plantas del fondo daban un sopapo al entrar. Rayito, Dalí, después Gala. Y él con su Hola, chica.

Las risas de la mesa, únicas. Todos hablando al mismo tiempo y todos escuchando al mismo tiempo. Siempre relojeándonos, Nilda, que reía, pícara, con cada una de las cosas también.

Un día le pregunté al viejo por Ricardo, no entendía algunas cosas de él. Y me dijo: “Es que Ricardo, mi hija, es un niño grande”, y lo dijo con una voz dulce, hermosa, llena de amor y admiración. A través de él entendí que no había manera de enojarse con él. Ricardo, era infinito amor.

Yo heredé ese amor. Gracias por eso, padre.

lucarna-ricardo

 

 

1940

En el año que naciste se libraba una guerra en Europa y Morínigo llegaba a la presidencia del Paraguay, el mismo que luego mandará al exilio a tu padre, mi abuelo.

En algún momento se te enruló el pelo, con esas sombras debajo de los ojos naciste.

Hoy hubieras cumplido muchos años. No lo imagino.

Sé, de todos modos, que te verías elegante.

Hoy desayuné por vos. Con el mantelito hecho con tu manos. Las más preciosas.

 

 

7

Las maravillas, los días de la semana, las colinas de dos ciudades, las notas musicales, los pecados cristianos, los días en los que según la Biblia se creó el Mundo.

También los años en los que yéndote fuiste ya todo presencia, padre.

 

020

020

Las baldosas de la casa de mi abuela sobre la calle Chile perduran. Perdura también en la memoria, Bodoque que este año se fue y que descansa en el jardín. Perdura el sueño que Meliá nos ayudó a inventar para … Sigue leyendo

Tu voto:

26.05

El desayuno, tus tazas. El mantel no tan bien planchado, pero hice lo que pude. Café, tostadas, queso y miel. Celebrar tu vida en una de las cosas que más disfrutabas, madre.

1558915361533520606736

 

79

Hoy el viejo hubiera cumplido 79 años. En esto de clasificar papeles a veces se encuentran cosas y uno debe detenerse para mirarlas, leerlas. Cuando en 2001, murió mi tío Gato, el viejo escribió algo en Ultima Hora. Encontré el … Sigue leyendo

Tu voto: