Ellas y el barro – En El libro de barro – Revista Jasy Kañy 1

Tapa y contratapa de la Revista Jasy Kañy - Fotografía de Fernando Allen

Ellas y el barro: la cerámica de Itá y Tobatí

Lia Colombino

 “…la incorporación a la arcilla del estremecimiento, del pulso vital que hace de cada pieza de barro a modo de espejo del corazón, porque sus curvas han transitado los latidos de la obrera”

Josefina Plá, La cerámica popular paraguaya, CAV/MdB, Asunción, 1994, pág. 58.

Preludio para ellas

A ellas les crecen las manos para hundirlas en ese elemento primordial. El barro nace soñando las manos que construirán su sentido.

Ellas y el barro.

Han nacido cerca, se han “criado” en comunidad. Y en comunidad trabajan, también cerca.

Todos los días, ellas pasan las manos crecidas acariciando tierra húmeda, argamasa del sueño. El barro se deja acariciar e irrumpe con su fuerza feroz, en el entramado de los días.

Todos los días, ellas y el barro.

Con una certeza inadmisible, la mano recorre los poros de un artefacto que ella ayuda a hacer emerger.

Todo sucede casi sin mutar, y sin embargo, se mueve.

A boca de cántaro

La mano crea, primero, un agujero (Lacan), un vacío. Alrededor de este vacío se ha de crear el mundo, un lenguaje. Alrededor de un agujero ha de transcurrir la vida. Si la mano pretendiera, vanamente, construir desde lo lleno, nada sería.

La oquedad que permite el agujero, por mínimo que este sea, comporta una reserva. ¿Será en esa oquedad en el centro de cada pieza –contenedora imposible de vacío- donde se guarda el sentido, la fuerza de la memoria y la resistencia de las identidades atravesadas una y otra vez por otras tantas?

Constancia

Hay una constancia: la repetición del gesto. La mano pasa por encima de la tierra y esta se convierte, cambia, nace otra. Con ese nacimiento nace también otra mano que hace comparecer el objeto ente la mirada.

El barro y el trabajo de las manos sobre él ordenan el día. Se pasa del despertar al mate y luego a despertar a los hijos, a darles el desayuno, a despedirlos. A la tarea cotidiana y constante del devenir de los días se le opone la otra, la de hacer emerger la forma.

Hay sonidos hoy que antes no había, pequeñas mutaciones de modernidad escindida: la radio, las motos que van de un lado a otro, los autos raudos, el tránsito ora lento ora no. Hay vapores de comidas mientras ellas ponen sus manos a trabajar el barro. Hay perros que husmean y niños pequeños que miran sin asombro aquel aparecer del objeto.

Hay pies, a la espera.

Día de Quema

El día que la ceramista “quema” es un día particular. Los movimientos del hogar cambian y aparece otra dinámica que interrumpe el hábito cada tanto. Pero, a decir de Sennett[1], el objeto fue empezado a cocinar desde mucho antes: no sólo cocina el horno, sino también todo aquello que le va dando forma. En el caso de Itá y Tobatí, la pura mano.

Quizá la “quema” sea el procedimiento por el cual la narración, que se comenzó en el momento mismo de poner un dedo en el barro (o antes, cuando se ha ido en su búsqueda), inicia un otro recorrido: la “quema” sería el momento en el cual la narración que empieza creando la mano, comienza a transitar el camino que dará con otro que pueda darle continuidad.

Narraciones

Cada pieza contempla su propia narración. La mano ha intentado decir algo que la pieza, luego, expresa. Hay narraciones colectivas, las hay también personales. Hay una insistencia en la narración: las piezas narran una y otra vez aquello que la historia repite de manera persistente.

La cerámica de Itá y Tobatí, aún cuando comparten técnica y una historia parecida, son diferentes entre sí. Hay notas específicas, en conjunto, que cuando la mirada se obstina pueden ser atisbadas. Sin intención de generalizar, intentaré recalcar algunas notas que responden a esa narración colectiva.

Hay un tamaño y un volumen propios a cada comunidad. Las piezas pertenecientes a Itá componen un escenario lleno de personajes, muchos de ellos minúsculos, que se relacionan conformando escenas, corros, situaciones. Algunas piezas no disponen más que del color natural de la arcilla. Otras, sin embargo, portan el engobe rojo y también el fumigado, aunque el resultado difiera entre ceramista y ceramista.

En Tobatí, las piezas se levantan distintas. Se componen volúmenes mayores, piezas gruesas las más de las veces solitarias o en pareja. Un mundo en el cual el engobe rojo y el fumigado han teñido los ojos que miran esos objetos surgidos de manos crecidas.

La mirada de las piezas de Itá es distinta. Los ojos de las estatuillas minúsculas se dirían inexistentes. No está demás repetir que hay excepciones varias, como las piezas realizadas por Lorenza Torres.

En Tobatí, la mirada enloquece. Se vuelve una mirada siempre presente. Aquellas caras miran oteando un punto, no nos miran desde los ojos, nos miran desde ese su estar en el mundo tan fuertemente. Virginia Yegros logra mirarnos desde sus mujeres, logra que levantemos la mirada porque nos opone una que no se inclina.

Por otro lado, la cerámica de Itá y Tobatí narra la historia de una resistencia. Desprendida de utilidades que la constreñían para crear algo que pueda servir de manera concreta (guardar agua, cocinar, etc.), la cerámica logra vencer su propio destino. La mano encuentra la manera de recomponer una tradición (para siempre guardada en esa mano) y llevarla a sus límites. La resistencia consiste en la experiencia de ese límite, en el reciclaje de formas, el reciclaje de esa mano que también va tomando otra forma a medida que cambia el paisaje, la necesidad y la urgencia.

Ellas

Cada una de las ceramistas de Itá y Tobatí ostenta un carácter distinto al poner a trabajar la mano y sacar de ellas maravilla.

La vida en Itá y la Compañía Caaguazú de esa misma ciudad,  así como la que se lleva en la Compañía 21 de Julio de Tobatí ya no es la misma que la que se describía hace 15 años. Hay nuevas rutas y nuevas comunicaciones (el teléfono móvil es indispensable y es un instrumento de trabajo tan importante como cualquier otro). Otras situaciones. Cambia el entorno, aunque de manera bastante apacible, comparándolo al cambio que se vive en otras zonas del país.

Ellas acompañan desde su lugar esos pequeños atisbos de un tiempo otro y reformulan de manera mínima sus vidas.

El barro seguirá siendo la materia con la cual labran ellas su destino, levantan sus poderosas formas que aparecen ante nuestra mirada. Ellas y el barro. Decididos.

(Escrito en algún lugar de los ríos Parabá y Paraguay, en Marzo de 2010 a pedido de Fernando Allen para la revista número 1 de Jasy Kañy).

Palabras para Julia

Cerámica de Julia Isídrez - Pieza a exponerse en Documenta 2012

Desde su otro ser contemporáneo, Julia, junto con su madre Juana, instala en el mundo su gesto feroz. Aquél gesto que han venido repitiendo todas las mujeres de las cuales ella desciende. Un gesto de las manos que rodea el vacío y al mismo tiempo lo resguarda con la forma que su mano elige. Esta mujer ha sabido reformular sus propias formas desde el fondo de su historia. En el gesto potente de su mano, Julia aparta de ella la visión folklorista y romántica que le endilga la historia y se yergue al lado de los seres que ha creado.

Las figuras negras de Ediltrudis

Cerámica de Ediltrudis Noguera - CAV/Museo del Barro

Con un pequeño puñado de barro, Ediltrudis construye unos pies, seguirán luego las piernas hasta la cintura. Al terminar esto, ya pasado un tiempo importante, seguirá con el torso, decidirá allí el sexo del cuerpo que ha creado y que ha ido levantando a cada incorporación de materia. Ha creado Ediltrudis unos personajes que nunca están solos, siempre estarán en parejas y serán de un negro lustroso, un negro que encandila.


[1] Dice Richard Sennett: “En alfarería, la arcilla cruda es ‘cocinada’ tanto por las herramientas que le dan la forma de una vasija como por el horno, que hace el trabajo literal de cocinar. La vasija cocinada proporciona un medio para producir imágenes que, en una vasija, crean una narración que se desarrolla según se va girando la vasija”. (Richard Sennett, El artesano, Anagrama, Barcelona, 2009)

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Yaguarón / Itá

La mañana comenzó a las corridas. La cama quieta y el sueño movedizo retrasaron mi despertar. Eso y que la alarma de mi autito de una docena de años no quisiera desconectarse, hicieron que me apurara. Se mueve el mundo acá abajo, demasiado rápido.

Llego al Hotel Guaraní –no sólo a mí se me mueve el mundo demasiado velozmente- y muchas de las personas todavía no estaban listas.

Subimos al micro –cuyo chofer es un argel de novela- y partimos hacia Yaguarón, cita obligada.

Llegamos rapidísimo, flameando casi. Esto, luego del barco, es una especie de carrera de fórmula uno.

Siempre Yaguarón fascina, y no es para menos. Me desubicó un poco esa especie de espectáculo de luz y sonido que nos prepararon. No es necesario ese tipo de efectos cuando un hecho de estas características sobrevive en el tiempo, brilla con su propia luz y logra incautar nuestras miradas sin nada más, sólo se trata de poner los ojos allí.

Después de Yaguarón, tomamos la ruta de vuelta hacia Itá, donde en la Compañía Caaguazú, Juana Marta Rodas y Julia Isídrez nos esperaban. Seducidos por las manos de Julia, y esa sonrisa tan suya que se esboza como un gesto mínimo, los ojos fueron pasando de la casa, al patio, al horno, a esas manos que crean del barro. Me detengo a mirar sobre todo las sonrisas y los ojos iluminados de los expedicionarios. Sole y Daniel G. mirando con ojos brillosos, lindos.

Durante la travesía tuve que trabajar en un texto que ya estaba esbozado. Un texto que habla de la cerámica de Itá y Tobatí.

Estas son mis Palabras para Julia (lo copio aquí):

Palabras para Julia

Desde su otro ser contemporáneo, Julia, junto con su madre Juana, instala en el mundo su gesto feroz. Aquél gesto que han venido repitiendo todas las mujeres de las cuales ella desciende. Un gesto de las manos que rodea el vacío y al mismo tiempo lo resguarda con la forma que su mano elige. Esta mujer ha sabido reformular sus propias formas desde el fondo de su historia. En el gesto potente de su mano, Julia aparta de ella la visión folklorista y romántica que le endilga la historia y se yergue al lado de los seres que ha creado.